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domingo, 29 de junio de 2025

Sabiduría Atemporal para la Empresa Moderna: Navegando el Éxito con las Leyes de Murphy, Kidlin, Gilbert, Wilson y Falkland

En el vertiginoso panorama empresarial actual, donde la adaptabilidad y la previsión se convierten en necesidades, las decisiones tomadas en la actualidad definen el éxito de la organización en el futuro. A menudo, se buscan las últimas metodologías y tecnologías para obtener una ventaja competitiva, pero la sabiduría fundamental para la gestión eficaz puede residir en principios que, aunque formulados hace tiempo, resuenan con una sorprendente actualidad. Las leyes de Murphy, Kidlin, Gilbert, Wilson y Falkland, lejos de ser meros aforismos, ofrecen una lente práctica a través de la cual podemos analizar y optimizar nuestras estrategias empresariales.




Ley de Murphy: Anticipación y Planificación para la Resiliencia Empresarial

La Ley de Murphy, con su contundente afirmación "Si algo puede salir mal, va a salir mal", no es una invitación al pesimismo, sino una llamada a la acción para la preparación y la resiliencia. En el ámbito empresarial, esto se traduce en una mentalidad proactiva de gestión de riesgos. Las organizaciones que abrazan esta ley no se limitan a reaccionar a los problemas: se anticipan a ellos.

Esto implica un análisis detallado de los posibles puntos de error en cada proceso, desde la cadena de suministro hasta la ciberseguridad, pasando por la gestión de proyectos y la atención al cliente. Un enfoque murphiano en la empresa moderna significa implementar planes de contingencia robustos, realizar pruebas de estrés periódicas en sistemas y operaciones así como desarrollar equipos ágiles capaces de “pivotar” rápidamente ante imprevistos.

Por ejemplo, una empresa que adopta la Ley de Murphy no solo tiene un plan de recuperación ante desastres informáticos, sino que lo prueba regularmente. No solo identifica a sus proveedores clave, sino que también tiene proveedores alternativos “en el banquillo”. En la era de la disrupción y el caos constante, desde pandemias hasta conflictos geopolíticos, esta mentalidad de "qué pasaría si" no es un lujo, sino una necesidad estratégica para la supervivencia y el crecimiento. La preparación es la mejor póliza de seguro, y la “preparación” junto con el análisis de escenarios se convierte en el mantra de la dirección estratégica. Porque, como bien se señala, "el que se anticipa, gana".



Ley de Kidlin: Claridad en la Definición de Problemas para Soluciones Eficaces

La Ley de Kidlin establece que "Si escribes un problema de forma clara, ya resolviste la mitad". Esta ley subraya la importancia de la claridad conceptual en la resolución de problemas empresariales. En un entorno empresarial donde los desafíos pueden ser complejos y multifacéticos, la tendencia a abordar síntomas en lugar de las causas raíz de la desviación es lo más común.

La aplicación de la Ley de Kidlin en la gestión empresarial actual implica fomentar una cultura donde la definición clara de los problemas sea el primer paso y el más importante. Esto significa ir más allá de la superficie y articular el problema en términos que sean comprensibles para todos los involucrados, identificando sus causas subyacentes, su impacto y los actores clave afectados.

Herramientas como los diagramas de Ishikawa (espina de pescado), el análisis de los 5 porqués o simplemente la práctica de redactar un "enunciado del problema" conciso y claro, son manifestaciones de este principio. Cuando un equipo puede articular un problema de forma unificada y sin ambigüedades, las soluciones comienzan a emerger de manera más orgánica y eficaz. Si no se puede explicar un problema, es imposible resolverlo. Esta ley es un recordatorio de que la precipitación en la búsqueda de soluciones sin una comprensión profunda del problema suele llevar a soluciones ineficaces o que generan nuevos problemas. La claridad en la formulación es, en esencia, la chispa que enciende el proceso de innovación y mejora continua.



Ley de Gilbert: Responsabilidad y Excelencia en la Ejecución

La Ley de Gilbert proclama: "Si te haces cargo de algo, encontrar la mejor forma de hacerlo es tu responsabilidad". Este principio resuena profundamente con la cultura de la responsabilidad individual y la búsqueda de la excelencia que toda empresa exitosa anhela. En la empresa moderna, donde la colaboración y la autonomía son cada vez más valoradas, la Ley de Gilbert se convierte en un pilar fundamental para la delegación efectiva y el empoderamiento del talento.

No se trata solo de asignar tareas, sino de fomentar una mentalidad en la que cada empleado, al asumir una responsabilidad, se comprometa a investigar, probar, ajustar y persistir hasta alcanzar los resultados deseados. Esto contrasta con una cultura de "cumplir por cumplir" o de buscar excusas.

La aplicación de esta ley implica invertir en el desarrollo de capacidades, proporcionar los recursos necesarios y, crucialmente, otorgar la libertad para experimentar y aprender del error. Promueve la iniciativa personal, la autodisciplina y la dedicación a la calidad. Un líder que aplica la Ley de Gilbert no solo delega, sino que también establece expectativas claras de excelencia y apoya activamente a su equipo para que encuentre las mejores soluciones. En un mercado competitivo, donde la calidad y la eficiencia son diferenciadores clave, la Ley de Gilbert es un motor para la mejora continua y la consecución de resultados excepcionales. "Nada de excusas. Si me meto, me meto en serio." – esta frase encapsula la esencia de la Ley de Gilbert en el contexto empresarial.


Ley de Wilson: La Inversión en Conocimiento como Motor de Riqueza

La Ley de Wilson, que postula "Si priorizas el conocimiento, el dinero llega solo", es una profunda declaración sobre el valor del aprendizaje y la innovación continua en el entorno empresarial actual. En una economía del conocimiento, donde la información es el nuevo oro, esta ley adquiere una relevancia sin precedentes.

Las empresas que aplican la Ley de Wilson no escatiman en inversión en capacitación, desarrollo profesional, investigación y desarrollo (I+D), y la adquisición de nuevas habilidades para sus equipos. Entienden que el verdadero capital no está solo en los activos tangibles, sino en el conocimiento, las habilidades y la capacidad de adaptación de su fuerza laboral.

En lugar de ver el aprendizaje como un gasto, lo perciben como una inversión estratégica que genera un retorno significativo a largo plazo. Las organizaciones que promueven una cultura de aprendizaje continuo están mejor posicionadas para identificar nuevas oportunidades de mercado, desarrollar productos y servicios innovadores, optimizar procesos y adaptarse a los cambios tecnológicos. La "priorización del conocimiento" se manifiesta en programas de mentoría, acceso a plataformas de e-learning, fomento de la experimentación y recompensa de la curiosidad intelectual.

El "dinero llega solo" no significa que el éxito financiero sea automático, sino que es una consecuencia natural de estar mejor preparado, más informado y más ágil que la competencia. Las oportunidades, de hecho, "llegan a los que se mueven rápido y saben cómo jugar mejor que el resto", y ese "saber" se deriva directamente de la priorización del conocimiento.


Ley de Falkland: La Sabiduría de la Decisión Deliberada

Finalmente, la Ley de Falkland aconseja: "Si no tienes que tomar una decisión, no la tomes". Este principio es un contrapeso necesario a la presión constante por la velocidad y la acción en el mundo empresarial. En un entorno donde la inmediatez a menudo se confunde con la eficiencia, la Ley de Falkland aboga por la deliberación, el análisis exhaustivo y la paciencia estratégica.

Aplicar esta ley en la gestión empresarial significa resistir la tentación de tomar decisiones precipitadas bajo presión. Implica reconocer que no todas las situaciones requieren una respuesta instantánea y que, en muchos casos, esperar, recopilar más información y considerar diversas perspectivas puede conducir a una decisión mucho más informada y, en última instancia, más exitosa.

Esto no es sinónimo de inacción o indecisión, sino de una toma de decisiones inteligente y calculada. Las empresas que abrazan la Ley de Falkland fomentan un proceso de decisión estructurado, que puede incluir la realización de análisis de costo-beneficio, simulaciones, consulta con expertos y un debate interno robusto. Se valora la "cabeza fría" sobre el impulso emocional.

Una mala decisión tomada por apuro "puede costar caro", no solo en términos económicos, sino también en reputación, moral del equipo y oportunidades perdidas. La Ley de Falkland es un recordatorio crucial de que la calidad de una decisión a menudo supera su velocidad, y que la paciencia estratégica puede ser una de las herramientas más poderosas en el arsenal de un líder empresarial.


Conclusión: Principios Atemporales para el Liderazgo Empresarial

Las leyes de Murphy, Kidlin, Gilbert, Wilson y Falkland, aunque formuladas de manera sencilla, encapsulan principios fundamentales que, cuando se aplican de manera consciente, pueden transformar la gestión empresarial. Desde la anticipación de riesgos y la claridad en la definición de problemas, hasta la responsabilidad en la ejecución, la priorización del conocimiento y la sabiduría en la toma de decisiones, estas leyes ofrecen un marco robusto para navegar las complejidades del entorno empresarial actual.

Adoptar estos principios no es solo una cuestión de eficiencia operativa; es una filosofía que moldea la cultura organizacional, fomenta la resiliencia y posiciona a las empresas para un éxito sostenible. En un mundo en constante cambio, la capacidad de volver a estos fundamentos atemporales puede ser la verdadera clave para la innovación y el liderazgo.


"Si algo parece fácil, probablemente será difícil. Si algo parece difícil, probablemente será casi imposible." Una de las famosas Leyes de Murphy (siglo XX).

 

Autor: Daniel Blanco

 

 


martes, 18 de marzo de 2025

Tom Peters: Un visionario de la gestión empresarial

Los principios clave de la gestión empresarial de Tom Peters emergen de su obra más influyente “En busca de la excelencia”, escrita en colaboración con Robert H. Waterman. Su enfoque revolucionó el mundo de la gestión al “marcar”, en aquel momento, un nuevo enfoque más innovador y con mayor relevancia en las personas.


La idea general es que las empresas excelentes se centran en la acción siendo sus principios clave los siguientes:

Pasión por la excelencia. Más allá de la calidad

El trabajo desarrollado por cualquier organización debe aspirar a la excelencia en todas sus operaciones, debiendo garantizar la calidad de sus productos y/o servicios así como la atención exquisita a sus clientes.

Se debe desarrollar una cultura de un mínimo de defectos que promueva la mejora continua en cada proceso de negocio. Se precisa del establecimiento de estándares elevados y medibles, fomento de un sentido de orgullo y propiedad en el trabajo y la celebración de logros y aprender de los fracasos.


Obsesión por el cliente. El cliente como socio

Junto con la anterior conforma una de las directrices generales. El cliente se sitúa en el centro de toda la operativa empresarial, se le debe escuchar, comprender sus necesidades y sobre todo superar sus expectativas.

Se busca una relación a medio y largo plazo con el cliente llevando la relación con él hacia escuchas activas y empáticas, generando un anticipo a sus necesidades e intentando la mayor personalización de su experiencia.


Fomento de la autonomía y del espíritu emprendedor. Liberación del potencial humano

Relacionado con el trabajo desarrollado por los empleados de la organización, éstos deben gozar de cierta autonomía para la toma de decisiones y asumir los riesgos correspondientes. Se debe fomentar, por parte de los directivos, un entorno para promover la innovación y el espíritu emprendedor. La delegación de autoridad y la implementación de políticas que recompensen las mejores iniciativas son aspectos importantes para el desarrollo de este principio.


Productividad a través de las personas. La inversión en el capital humano

Enlazado con el principio anterior Peters mantiene que las personas constituyen el activo más importante de una empresa. Es necesario invertir en ellas de modo que se les capacite correctamente para un mejor desempeño de su trabajo. Su bienestar redunda en su motivación y se sitúa como aspecto relevante para el éxito empresarial.



Acción y experimentación

El paso a la acción es vital para la conformación de organizaciones excelentes. Las empresas deben estar dispuestas a intentar cosas nuevas y aprender de sus desviaciones. La necesidad de fomentar una cultura de experimentación y aprendizaje y la aceptación de fracaso como parte del proceso de innovación constituyen los pilares para la adaptación de las organizaciones a los cambios rápidos de su mercado.


Valores compartidos. El pegamento de la organización

La necesidad de valores compartidos, y claros, por parte de las organizaciones constituye una fuerza interna muy relevante. Este aspecto es importante para garantizar las directrices en la toma de decisiones y actuaciones por parte del personal. Los valores proporcionan a las empresas un sentido de propósito y dirección ayudando a alinear a los empleados alrededor de un objetivo común.

En relación a este aspecto es importante definir claramente, por parte de la Dirección, los valores de la organización, comunicar y reforzar estos valores de un modo constante y asegurarse que dicho principios se reflejen en las acciones de la empresa.


Estructura simple y flexible

La excelencia y el buen servicio al cliente es enemigo de organizaciones complicadas con organigramas complejos. Las estructuras horizontales y con una mayor autonomía en la toma de decisiones, permite a las empresas una mayor y mejor adaptación a las situaciones de cambio. Se debe eliminar la burocracia innecesaria en la organización, crear equipos de trabajo multidisciplinares y dotados con cierto grado de autonomía. Todo ello dentro de una comunicación clara.

Los principios de la excelencia pueden ser implementados en las organizaciones actuales mediante:


-      La implementación de programas de capacitación y desempeño de sus empleados.

-      El fomento de una cultura de innovación y experimentación.

-      El establecimiento de canales de comunicación abiertos y transparentes.

-      La creación de equipos de trabajo autónomos y multifuncionales.

-      La monitorización y control de los parámetros relacionados con la satisfacción de los clientes.


Aunque los principios de Peters fueron formulados hace décadas, continúan siendo relevantes en el contexto empresarial actual. En el mundo competitivo y globalizado de hoy las empresas necesitan mayor agilidad, innovación y mantener su centro en el cliente. Estos puntos garantizan la satisfacción de estos últimos, constituyen los pilares para mejorar la productividad, conforman una estructura para atraer y retener el talento y garantizar una mejor adaptación a los entornos turbulentos actuales. Las empresas que adoptan un enfoque centrado en las personas, la innovación y la acción pueden lograr la excelencia y el éxito a largo plazo.

 

“Entrena a la gente lo suficientemente bien para que pueda marcharse. Pero trátala bien para que no quiera hacerlo”. Tom Peters, escritor y consultor en gestión empresarial estadounidense.

 

Autor. J. Daniel Blanco

 

 

 

martes, 1 de septiembre de 2020

El Camino de la Calidad (por Macarena A. Bernabei)



¿Sabes que es la Cultura de Calidad?

Calidad es mucho más que un conjunto de métodos y cálculos estadísticos. Una organización puede estar haciendo uso de herramientas relacionadas con la calidad, y no necesariamente esta forma parte de su cultura. Inclusive puede haber adoptado estándares ISO 9000, pero solo porque así se lo ha demandado un cliente de interés o como parte de una acción comercial.

Una verdadera cultura de la calidad, se da en un ambiente en donde todos los colaboradores se encuentran genuinamente involucrados y ocupados en lograr un trabajo de excelencia y basan sus decisiones con el objetivo de alcanzar ese  nivel de resultado en todos los procesos que llevan a cabo.


Comprendiendo la cultura de la calidad


Una organización que goza de una verdadera cultura de calidad exhibe una variedad de cualidades reconocibles. 

La visión y los valores son expresados de forma clara y convincente, así como difundidos en todas las acciones que llevan a cabo; desde el primer día de inducción pasando por las situaciones más complejas hasta las más informales.

Estas organizaciones pueden demostrar que sus líderes apoyan visiblemente los objetivos de calidad siendo importante resaltar la importancia del liderazgo positivo (este punto es esencial para que la cultura de  calidad organizacional sea sostenible en el tiempo y su espíritu sea contagioso).

También son apasionados en su impulso de identificar y abordar continuamente las necesidades de clientes y usuarios, a menudo dando pasos extraordinarios para captar la voz del cliente. Se centran en obtener datos de calidad, para luego usarlos como información de entrada de sus procesos.


En estas organizaciones, los objetivos se traducen en expectativas claras de rendimiento que pueden ser seguidas por KPI´s (indicadores) dentro de un tablero de control. Lo que no se mide no se gestiona, no se controla ni se mejora.

Las organizaciones que poseen una verdadera cultura basada en la calidad desarrollan, además, un mix de incentivos y compensaciones  que responden a las necesidades emocionales, físicas y económicas de cada uno de sus colaboradores. Y, finalmente, promueven un ambiente de colaboración y de comportamiento ético, que persigue la innovación y la mejora continua en cada proceso que llevan a cabo.

Diversos estudios indican que cuando la organización promueve una cultura corporativa de calidad, los colaboradores toman más y mejores decisiones, es decir, se crea un circuito virtuoso de mejora continua, no solo a nivel de procesos ya instaurados, sino aquellos en estado de desarrollo.

Entonces… ¿cómo creamos una cultura de trabajo orientada hacia la calidad? Existen tres instancias en la cultura de la calidad en una organización:


·         Incipiente,

·         En desarrollo y

·         Consolidada.

 

A su vez, estas poseen una base mínima de valoración a la calidad, al cliente y su satisfacción. Todo se gestiona a través de objetivos SMART (específicos, medibles, alcanzables, relevantes y temporales) debiendo considerarse seis puntos básicos a tener en cuenta:


1.    Definir los valores de la organización;

2.    Identificar a las partes interesadas, sus requerimientos y necesidades;

3.    Entrenamiento permanente de todos los miembros de la estructura;

4.    Estimular la comunicación, la escucha activa y el flujo fluido de la información;

5.    Documentar la información | Controlar la información documentada;

6.    Poner el foco en desarrollar procesos sostenibles de mejora continua.



Cuando nos conectamos con el origen de esos conceptos y comprendemos el para qué, todo adquiere un nuevo significado. El desarrollo  sostenible de la cultura de la calidad, implica la participación activa, proactiva y coordinada de todos sus actores Todos ellos involucrados en una gestión estratégica y con un objetivo en común: promover y articular los recursos necesarios para la mejora continuaFinalmente, la gestión de la calidad y la promoción de circuitos virtuosos de trabajos orientados a la mejora continua, tienen como objetivo final la satisfacción de las necesidades y expectativas del cliente.


Mentalidad Kaizen y la Cultura de la Calidad

Kaizen en pocas palabras es una filosofía de mejora continua. Uno de sus principios fundamentales es el respeto por las personas. Serán los colaboradores los que sumaran valor a los procesos (el Camino del Kaizen).

De los mayores desafíos los líderes actuales encuentran, es lograr que la filosofía Kaizen forme parte de la cultura y el ADN de la organización, quizás sea porque son ellos los que deben proveer los recursos y su atención en ello. Son los líderes los que, en un inicio, deben invertir en Kaizen. Sin embargo es esencial liderar con el ejemplo, medir los progresos y comunicar los resultados. En definitiva, la mentalidad kaizen es la cultura de la calidad orientada hacia la excelencia.



Con el propósito de difundir la cultura de calidad y la mentalidad Kaizen, desarrollé la Serie Calidad 101, una secuencia de videos que de manera simple, breve y amena explica los conceptos claves vinculados con la calidad y la mejora continua.

Te invito a recorrer, juntos, el camino de la calidad en mi canal de YouTube https://www.youtube.com/channel/UC-DWtGZv6TvEt6qGex7W5Xg



Súmate a la Revolución de la Calidad

Macarena A. Bernabei

MAB | Calidad aplicada al Servicio

https://macarenabernabei.com/

Conocé más en https://linktr.ee/mabernabei


 


 Este artículo corresponde a una serie de colaboraciones que he solicitado a diversos compañeros y profesionales que desarrollan su actividad en distintas áreas de la gestión empresarial y que han accedido (creo y espero que encantados) a redactar para mi blog una serie de artículos exclusivos. El objetivo final es ampliar y compartir nuestro conocimiento 

Como profesional sé el tiempo que se dedica a crear un buen artículo así que mi sincero agradecimiento y un fuerte abrazo para todos ellos.

Daniel Blanco


 





viernes, 29 de marzo de 2019

Los Obstáculos de la Calidad. Deming

Deming definió hace ya algunos años lo que él consideraba una serie de obstáculos o “trampas” en las organizaciones con una clara influencia en la consecución de calidad. El autor de los famosos 14 puntos delimitó una serie de “piedras” con las cuales muchas de las empresas topan en el desarrollo de sus Sistemas de Gestión.



Este listado se modifica según las distintas fuentes aunque existe un cierto consenso en los siguientes nueve puntos referidos:


Descuidar la planificación a largo plazo

La fijación por parte de la empresa de los trabajos y objetivos a corto plazo imprime que sus recursos se centren en la resolución de actuaciones para salvar las situaciones a meses vista. La programación a largo plazo permite el estudio de los factores que condicionarán nuestra futura estrategia y nuestra supervivencia en el mercado. También puede observarse en los trabajos de implementación de los Sistemas de Gestión de Calidad, como consultor suelo encontrarme con la “necesidad urgente” de que los sistemas den resultados a corto plazo cuando las actuaciones de mejora demandan un análisis y una programación en el medio y largo plazo.


La confianza únicamente en la tecnología para la resolución de problemas

Se trata de un factor bastante común en las organizaciones. Actuaciones como la informatización y la mejora vía infraestructura en las líneas de producción de las entidades son consideradas en si mismo como las “panaceas” para la superación de ciertos problemas de la organización. Si bien es verdad que las entidades deben apostar por su “renovación tecnológica” esta debe realizarse dentro de un marco ordenado y claro en línea con la estrategia delimitada por la empresa y manteniendo siempre el factor humano dentro de nuestro modelo de trabajo.


Buscar ejemplos a seguir en vez de desarrollar soluciones

La calidad dispone de múltiples herramientas que pueden ser aplicadas para la resolución de problemas sin embargo cada caso tiene su peculiaridad que debe ser estudiada (ejemplo mediante la aplicación del Diagrama de Ishikawa) siendo la adopción de las actuaciones correspondientes única en cada caso presentado de modo que la solución se adapta completamente al problema detectado y se eleve la tasa de resolución del mismo. Debe recordarse que cada organización tiene su propia “alma” así como su modo de hacer las cosas por lo que los consultores estamos obligados a particularizar nuestro trabajo.


Excusas similares a “nuestros problemas son diferentes”

Este caso muestra “el lado contrario” al mencionado en el punto anterior. Si bien es verdad que cada entidad tiene su misión y visión, sus particularidades no pueden ser una excusa para abordar e intentar solucionar sus problemas. Las organizaciones mantienen unas líneas de actuación similares en muchos aspectos en relación al trato con los clientes, relación con proveedores, tratamiento de existencias, etc. La gestión de sus recursos y su estrategia a medio y largo plazo es lo que las hace diferentes unas de otras.


La creencia obsoleta de que la habilidad en la gestión se podía enseñar en un aula

En este punto Deming “pone en valor” el dicho de que la experiencia es un grado. No se cuestiona la capacitación de un recién graduado pero se pone en valor la necesidad de que los puestos de responsabilidad demandan personal con experiencia suficiente en múltiples aspectos del trabajo desarrollado dentro de las empresas. Se necesita una visión interna empresarial y un conocimiento de la estructura y equilibrio en la entidad así como del mercado donde compite que una persona demasiado novel puede no poder abarcar.


La sistemática de culpar a los trabajadores

Este punto todavía da que pensar en pleno siglo XXI. A pesar que en muchas organizaciones se ha superado la “búsqueda del culpable” por sistemáticas de análisis de causas cada vez más objetivas considerando todo tipo de factores e incluyendo el propio proceso de trabajo, bien es cierto que en algunas empresas todavía se confía en que si los trabajadores efectúan sus trabajos sin errores los problemas desaparecerían. Los estudios efectuados por Deming y sus compañeros demostraron que únicamente el 15 % de las desviaciones tenían como punto de partida errores en los trabajos por parte del personal, representando el 85 fallos sucedidos como consecuencia de malas planificaciones (o ausencia de ellas) o errores en la gestión: los trabajadores están limitados por el sistema y el sistema pertenece a la Dirección.


Consideración de la calidad únicamente como responsabilidad del departamento de calidad

Puede tratarse de uno de los errores que se ha transmitido a lo largo de los años y que en muchos casos no ha desparecido del todo (lo sabemos aquellos consultores que llevamos tiempo en este tema). En muchas ocasiones amparado por las Direcciones de las entidades las cuales una vez “creado” el área de calidad hacen que la entidad “vierta” todos los problemas (aunque en muchos casos no la capacidad de solución) en dichos departamentos. En estas situaciones las empresas implementan sistemas de calidad “a medias” pues se olvida que los procesos y las herramientas empleadas pertenecen a los departamentos que los emplean y que las mejoras y soluciones también deberían ser de ellos. La calidad es un bien común a toda la organización y la participación de todas las áreas debe ser activa buscando la mejora de toda la entidad y su alineamiento con la estrategia general de la organización. Los datos de cada proceso deben ser analizados y contrastados con los responsables correspondientes que son los que se “baten el cobre” día a día y pueden dar (o quitar) sentido a dichos valores.

 

La confianza ciega en la inspección de calidad

Puede considerarse en muchos aspectos un punto superado en los Sistemas de Gestión actuales. 

Si bien existen procesos en ciertas organizaciones o áreas de la empresa que precisan mantener una serie de inspecciones como parte de su dinámica de trabajo de modo que se aseguren los resultados previstos de la tarea los actuales sistemas se enfocan hacia la totalidad de la empresa incluyendo sus partes interesadas así como su incorporación a la estrategia empresarial


La mejora del producto o servicio de la entidad se vuelve global teniendo en cuenta clientes, proveedores, etc. y no únicamente nuestros puntos de inspección con lo que este sistemática se ha convertido en un punto más del sistema de gestión.



La búsqueda de ayuda únicamente en personal o empresas que los sepan todo de nosotros

Se trata del obstáculo de más relevancia para los que trabajamos como consultores. Cuando comenzamos a asesorar e una organización en el 99 % de los casos desconocemos mucha información del cliente: sistemática de trabajo, organigrama y flujo de información/poder, metodología de reuniones/tomas de decisiones, etc. Sin embargo nuestra experiencia nos da un bagaje que se pone a disposición de la entidad para la implementación de un sistema de gestión y la incorporación de la mejora continua en la empresa. La mejora viene impuesta por la combinación de enfoque entre el persona interno y el aporte externo así como el estudio y el diálogo de las diferentes opciones que pueden adoptarse.


En este artículo he destacado los puntos más relevantes aunque Deming también consideró como problemas la enseñanza deficiente de los métodos estadísticos, el uso abusivo de las tablas de muestreo sin considerar su margen de error, la excesiva confianza en los “falsos comienzos” entre otros. Continúa siendo relevante que después de tantos años y tras la evolución en los últimos años de las normas de referencia estos puntos continúen apareciendo en muchas entidades en mayor o menor grado de relevancia y en muchas ocasiones se "impongan" en nuestro camino hacia la excelencia.


“Nadie puede dar lo mejor de sí mismo, mientras no se sienta seguro.”
W. E. Deming. Consultor estadounidense difusor del concepto de la calidad total