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viernes, 15 de agosto de 2025

Los Siete Principios Atemporales del Liderazgo Empresarial: Claves para PYMES en la Era Digital

En un mundo empresarial cada vez más dinámico, donde las tecnologías evolucionan a pasos agigantados y las crisis globales se vuelven más frecuentes, los principios del liderazgo sólido no han perdido vigencia. Muy por el contrario: los grandes líderes empresariales siguen aplicando fundamentos que no caducan.



Este artículo explora principios de liderazgo atemporales, basados en referentes como Peter Drucker, Jim Collins y Simon Sinek, adaptándolos al contexto actual de las pequeñas y medianas empresas. Porque el tamaño de tu organización no define la magnitud de tu liderazgo, pero la claridad de tus principios sí marca la diferencia.


¿Por qué hablar de principios atemporales?

Mientras muchos se obsesionan con las tendencias del momento: automatización, inteligencia artificial, redes sociales, etc., los verdaderos líderes empresariales saben que los fundamentos no pasan de moda. Un buen líder no es quien más herramientas domina, sino quien más claro tiene su propósito y cómo inspirar a su equipo.

Peter Drucker, considerado el padre del management moderno, lo expresó así: “La gestión es hacer las cosas bien; el liderazgo es hacer lo correcto.” Y en tiempos de incertidumbre, hacer lo correcto puede ser la ventaja competitiva más poderosa para una pyme.


1. Propósito claro: El “por qué” de tu empresa

Simon Sinek, en su famoso libro Start With Why, propone que los líderes más influyentes comienzan por un propósito, no por un producto. Este principio es fundamental para las pymes, donde los recursos son limitados y cada acción debe estar bien alineada. Nos debemos preguntar el porqué existe nuestro negocio y convertir la respuesta en la “brújula” de sus actuaciones. Como ejemplo tenemos a una cafetería local que no solo vende café, sino que busca “conectar a la comunidad a través del sabor”. Este propósito permite alinear decisiones de diseño, atención al cliente, marketing y expansión.


2. Liderar con el ejemplo: La coherencia como motor de confianza

Jim Collins, en Good to Great, demostró que los líderes más eficaces son humildes pero decididos. No necesitan discursos grandilocuentes; simplemente hacen lo que predican. En una pyme, esto es aún más evidente. Los líderes deben ser los primeros en aplicar aquellos comportamientos que desean ver en sus equipos. Si el gerente exige puntualidad pero llega tarde, el mensaje se diluye. Si pide innovación pero castiga los errores, frena la creatividad.


3. Toma de decisiones basada en valores, no en urgencias 

La presión del día a día puede hacer que las decisiones en una pyme se tomen con base en lo urgente y no en lo importante. Pero los grandes líderes priorizan con base en sus valores. Peter Drucker afirmaba: “No hay decisiones correctas en lo absoluto, solo decisiones congruentes con los valores.” Las decisiones difíciles deben ser meditadas y responder a la siguiente pregunta: ¿esto refleja lo que queremos ser como empresa? Como ejemplo una pyme en crisis económica decide no despedir empleados clave, aunque eso implique sacrificios financieros momentáneos. A largo plazo, esa decisión refuerza la lealtad y el compromiso del equipo.




4. Comunicación clara y constante: El oxígeno de tu equipo

Un error común en las pymes es suponer que “todos ya saben lo que hay que hacer”. Pero la falta de comunicación crea incertidumbre, rumores y baja productividad. Los líderes atemporales entienden que la transparencia genera compromiso. Las reuniones breves semanales y el reconocimiento público de los logros conseguidos constituyen tareas clave para mantener abiertos los canales de comunicación.


5. Desarrollo del talento: Invertir en personas, no solo en procesos

John C. Maxwell lo resume así: “Un líder es aquel que conoce el camino, lo recorre y muestra cómo hacerlo.” El crecimiento de una pyme depende directamente del crecimiento de su gente. Capacitar, delegar, empoderar: tres acciones clave que todo líder debe ejecutar con intención. Los líderes invierten parte de su tiempo semanal en formación y capacitación interna. En este punto incluso una breve mentoría entre compañeros puede multiplicar el valor del equipo.


6. Adaptabilidad sin perder esencia

La tecnología, los hábitos de consumo y los modelos de negocio cambian velozmente. Pero los grandes líderes no se aferran a una forma: se adaptan sin traicionar sus principios. Los líderes se plantean los cambios considerando si la nueva herramienta o estrategia potencia el propósito de sus empresas o únicamente hace seguimiento de modas vacías. Como ejemplo podríamos situarnos en una tienda de ropa artesanal que migra al comercio digital sin dejar de resaltar el trato humano y la historia detrás de cada prenda.


7. Cultura organizacional: Tu legado como líder

Al final del día, el liderazgo no se mide por lo que el jefe dice, sino por lo que el equipo hace cuando el jefe no está. Una cultura sólida se construye todos los días: en cómo se atiende un cliente, en cómo se da retroalimentación y en cómo se celebran los logros. Los líderes mantienen vivos en sus organizaciones ciertos principios culturales, tales como el respeto, las responsabilidad, la innovación, etc. y se preocupan de comprobar su aplicación día a día.


Conclusión: El liderazgo no es una moda, es una responsabilidad

Las pymes que sobreviven no son las que solo innovan o bajan precios. Son aquellas que tienen líderes comprometidos con principios atemporales, ejecutados con disciplina moderna. Porque en un entorno cambiante, los valores firmes se convierten en tu ancla y en tu vela. Y como decía Drucker:

 

“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo.”

Si lideras una pyme, tu futuro empieza hoy.


Autor. J. Daniel Blanco


lunes, 17 de mayo de 2021

De la Comunicación y otros Problemas (por Pepa Castillejo Poole)


Érase una vez una gran empresa, de esas tan grandes que tienen departamento de comunicación interna. Tener un departamento de comunicación interna no es una cuestión intrascendente, nos indica que la organización, consciente de la importancia de su mensaje y de su propia dimensión, entiende que debe habilitar canales para que la transmisión de ese mensaje sea efectiva. Hablamos de cosas relevantes, en el mensaje se contienen no solo las directrices para la vida diaria, sino que están implícitos la misión y los valores de la compañía.

A esta empresa, en la que se fomentaba el amor por los colores corporativos, el ambiente familiar y el espíritu de servicio a los compañeros, llegó un día Antonio (nombre ficticio). Antonio era la ”bomba”, el “crack”, “un máquina”, el “fichaje estrella”… (insértese aquí cualquier comparación hiperbólica que se desee y aun así no podrá siquiera intuir la idea de lo que era Antonio).

Antonio era simpatiquísimo, de esas personas de sonrisa abierta y gracejo natural. Se incorporaba a fuerza de ventas, y venía con una larga trayectoria de éxitos a sus espaldas. Antonio llegó, vio y triunfó. A la semana todo el mundo lo conocía. Antonio vendía, sobre todo, a sí mismo.


Veo en estos tiempos como muchas personas reflexionan sobre como la distancia física de los compañeros de trabajo les complica las relaciones profesionales. Echan de menos la cercanía, quizás confundiendo cercanía con el espíritu colaborativo para con los compañeros al que aludía anteriormente. Desde esta visión puedes pasar años trabajando con un señor que está en Pernambuco, al que no has visto en tu vida ni verás salvo que decida mandarte una foto, que te va a ayudar cuando lo necesites, como tú a él. Y Antonio lo entendió rápidamente. Y como era tan majo, siempre ayudaba. Y si no podía, seguro que conocía a alguien que podía ayudarte.

¿Cuándo se torcieron las cosas? Pues es complicado definirlo exactamente, pero llegó un momento en que las expectativas de Antonio no se cumplieron y dejó de “vestir la camiseta”. Pero un “crack” nunca se muestra vulnerable, debe dejar traslucir su frustración de otra manera, así que comenzó a definir su estrategia: “Tengo algo que contarte…”, “sé de buena tinta…”, “no te puedo decir la fuente…”, “no digas nada, pero…” y la más inquietante de todas: “¡Tengo una bomba!” Antonio, cual espía de telenovela, dejaba entrever, sugería y, sobre todo, generaba expectación… ¿Contaba cosas importantes? ¿Acertaba? A veces sí, a veces no, pero eso no era relevante, lo importante era la novedad, la expectación y el ser partícipes del “secreto”.

El problema se planteó cuando se extendió el rumor de que esa rama de la empresa se cerraba. Y todos lo sabían de buena tinta, aunque no pudieran citar la fuente, ni dijeran nada, pese a la bomba de que se trataba. Y entonces, cuando los números cayeron, gerencia tomó cartas en el asunto, porque una plantilla desmotivada es una plantilla improductiva.

Esta historia es real, sucedió entre 2004 y 2005. A día de hoy, en esa empresa siguen hablando de la inminencia de su cierre. Se han producido reuniones, charlas, visitas de altos mandos, se han expuesto planes de desarrollo y futuro, se ha garantizado el trabajo del personal, pero todos saben que van a cerrar, en breve. Como hace casi 20 años. Los gerentes han ido cambiando y una parte importante del personal ha rotado. Es normal, nadie quiere estar en un negocio abocado al cierre. Solo hay algo que permanece inmutable y es Antonio, el de la sonrisa abierta y el gracejo natural.


¿Qué es el chisme?

Pues la RAE lo define como: “Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”. Los chismes o rumores en el entorno laboral tienen un excelente caldo de cultivo cuando se trata de empresas en las que no existe una buena cultura de comunicación

Y comunicar de manera adecuada no es solo recibir en el correo semanalmente la newsletter corporativa, ni tener un departamento de comunicación interna. Es conseguir que entre el personal cale la íntima convicción de que se puede decir lo que se piensa y lo que ocurre, no solo sin miedo a represalias, sino sabiendo que existen procedimientos para tratar el problema e intentar buscar una solución


No existe una buena comunicación interna si, quien tiene que hablar, se siente desprotegido, tiene la sensación de que sus comentarios van a caer en saco roto o simplemente es mirado con desconfianza.

 

 ¿Por qué funcionan los chismes en el ámbito empresarial?

 

·        Porque son transmisores de información.

·     Porque informan sobre las reglas no escritas de comportamiento del grupo, que facilitan la integración en el mismo de todo el personal.

·   Porque cohesionan. Hablar de terceros, para bien o para mal, es nuestra manera de crear relaciones.

·    Porque otorgan poder a quien los difunde, una suerte de halo de prestigio dentro del grupo. Siempre hay quien desea ser líder y siempre hay quien desea seguir al líder.

 

 ¿Qué puede hacer una empresa para gestionar la comunicación de manera efectiva?

 

·    No usar al chismoso para lanzar “globos sonda”. Por muy tentador que resulte esta técnica contribuye a reforzar la posición del chismoso, lo mismo que sancionarle, que puede acabar elevándolo a la categoría de mártir. Es importante alinearlo con los valores de la compañía.

·   No menospreciar la fuerza de la rumorología. Puede que luego sea tarde para emprender acciones.

·       Crear un plan de comunicación interna en revisión permanente. Es importante predefinir qué se va a decir, cómo, dónde y cuándo. Y decidir cómo actuar ante situaciones de este tipo.

·  Reunirse a todos los niveles jerárquicos para exponer problemas y llegar a acuerdos consensuados de solución.

·         Cumplir lo pactado, por todos los implicados.

·         Preguntar directamente al personal cuando se quiere saber algo.

·        Dar respuesta a las inquietudes del personal en un plazo razonable. Nadie va a depositar nada en el buzón de sugerencias si no sabe siquiera si se lee su aportación.

·       Hablar de forma comprensible a todos. La expresión “existen tensiones en tesorería” puede no ser entendida a todos los niveles. Decir “este año no tenemos presupuesto para organizar la cena de navidad”, aunque desilusiona, lo entiende todo el mundo.

·        No mentir, si no se puede hacer algo, no se puede y se debe explicar por qué.

·     Actuar, procrastinar hasta que el siguiente responsable tome la decisión no es un método de liderazgo efectivo.

·      Mantener la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. No se puede defender ser una empresa medioambientalmente responsable cuando el personal sabe que se realizan vertidos ilegales, ni hablar de conciliación cuando se discrimina a las personas que ejercen el derecho a su permiso de paternidad o maternidad. Este tipo de conductas resta credibilidad a los mensajes procedentes de la alta dirección.


Postdata: Antonio nunca cambió de puesto en la compañía, se le conocía tan bien, que nadie quería tenerlo en su equipo…



Pepa Castillejo Poole

 Consultor en calidad, medioambiente y seguridad y salud en el trabajo. La formación la hacemos jugando.

 https://www.linkedin.com/in/pepacastillejopoole/

 Bienvenidos a nuestra web: http://www.exyge.eu/

 

 




lunes, 5 de octubre de 2020

El Re-descubrimiento de la Incertidumbre (por Alfredo Ceballos Ramírez)

La rápida propagación de Covid-19 ha sido un experimento en vivo en todo el mundo que ha demostrado, sin lugar a dudas, que nuestra Nueva Realidad es la de un mundo interconectado lleno de redes de interdependencias que siempre hacen posible los efectos mariposa y la aparición de cisnes negros.

La incertidumbre es la condición distintiva de nuestra realidad


En 1963, Edward N. Lorenz, un pionero de la teoría de la complejidad, anunció la existencia del “efecto mariposa" para describir que, en un sistema complejo, la aparición de un pequeño cambio en uno de sus componentes puede producir efectos inesperados y significativos. El fenómeno Covid-19 es una prueba real de ese efecto. "Un pequeño virus aleteó en Wuhan y un intenso terremoto sacudió el mundo entero."

En 2008 Nassim Taleb anunció el "cisne negro" para explicar que, aunque uno sólo se hayan visto cisnes blancos eso no niega la posibilidad de la aparición de uno negro. El fenómeno Covid-19 es también una prueba de esa posibilidad. "El cisne blanco puro de un mundo ordenado y estable se ha convertido en uno negro lleno de interdependencias, complejidades e incertidumbres."

¡Sí!

Nuestro mundo es incierto, y nuestro futuro es impredecible


Cuando aceptamos la incertidumbre como una bendición y no como un enemigo amenazante, adquirimos el derecho a construir nuestro futuro y tenemos la opción de intentar, experimentar e innovar. Y de aprender de los resultados de esas innovaciones lecciones para identificar nuevas formas de mejorar y avanzar en nuestro continuo proceso de evolución.



La limitación es nuestro temor a actuar frente al riesgo de consecuencias inesperadas, que es una condición es inevitable. Podemos ampliar y profundizar el análisis de las circunstancias que rodean el problema, pero ningún análisis o fórmula puede eliminar la incertidumbre. 

Como señaló Heráclito desde hace muchos siglos, “Lo único seguro es la presencia del cambio. Lo único constante es la presencia del cambio”.

Debemos actuar sin saber qué resultados podrían aparecer. Nuestros valores y creencias son los apoyos finales en los que se apoya nuestra actuación. La inteligencia emocional, más que la racional, es nuestra herramienta definitiva para tomar nuestras decisiones y emprender nuestras acciones. 

Las condiciones de incertidumbre recuperaron para los seres humanos el papel protagónico. Dejan de ser simples recursos para convertirse en actores principalísimos.


Las formas en que todos los países están gestionando esta condición inesperada y compleja es un verdadero ejemplo de la única manera verdaderamente válida de hacer frente a la incertidumbre y las situaciones complejas: intentar alguna acción con la expectativa de obtener unos resultados deseados; medir los resultados reales; aprender de esas mediciones para identificar nuevas actividades que podrían mejorar los resultados y tomar las nuevas acciones para reiniciar el proceso. Seguir ensayando, midiendo y aprendiendo a introducir innovaciones. 

Igual en las empresas para afrontar condiciones inciertas: 

  • -      Definir una intención.
  • -      Elegir aquellas acciones que se consideren como las mejores para satisfacer el propósito.
  • -      Tomar aquellas acciones seleccionadas.
  • -      Medir los resultados y encontrar formas de reinventarse.

  

Un círculo de interdependencias entre Intenciones, Acciones, Resultados y Aprendizaje: un círculo IARA.


Suena nuevo, pero así siempre ha sido. Nos ha llevado siglos dejar la vieja idea del determinismo. Y sólo un par de semanas para que el Covid-19 demuestre que la incertidumbre es inevitable. Esta es una gran lección que debemos aprender del experimento en vivo de la pandemia del corona-virus en todo el mundo.

Bienvenido de nuevo al recién re-descubierto mundo de LA INCERTIDUMBRE.




Alfredo Ceballos Ramirez

MBA Stanford University - DBA Harvard University

 Presidente y Fundador de Iara Consulting Group

www.iaraconsulting.com

alfredo.ceballos@iaraconsulting.com

Autor del libro: "Indicadores del Desempeño Estratégico", ver resumen en:

http://iaraconsulting.com/teoria-iara-2/libro/


Recomendado por @ getAbstract . Ver https://Inkd.in/eHuZzzy

 

 

Este artículo corresponde a una serie de colaboraciones que he solicitado a diversos compañeros y profesionales que desarrollan su actividad en distintas áreas de la gestión empresarial y que han accedido (creo y espero que encantados) a redactar para mi blog una serie de artículos exclusivos. El objetivo final es ampliar y compartir nuestro conocimiento.

 Como profesional sé el tiempo que se dedica a crear un buen artículo así que mi sincero agradecimiento y un fuerte abrazo para todos ellos.

 Daniel Blanco

 

 



miércoles, 31 de octubre de 2018

Empresas que caen (Jim Collins)



Empresas de caen (Jim Collins)


“Empresas que Caen” (Jim Collins, 2009) nos relata que cualquier empresa puede ser vulnerable independientemente de su pasado, tamaño o poder acumulado. Collíns utiliza la palabra declive y la compara con una enfermedad cuya detección es complicada y su resolución más difícil cuanto más avanzado este el proceso de caída.

Jim Collins definió las cinco fases del declive de cualquier organización y las posibilidades de su predicción y actuación a tiempo por parte de sus directivos, dichas fases las denominó: la arrogancia nacida del éxito, la persecución indisciplinada del crecimiento, la negación del riesgo y del peligro, la búsqueda desesperada de la salvación y la capitulación (ser insignificante o morir).

La arrogancia nacida del éxito (fase 1)

Basada en el concepto griego de hibris como orgullo o arrogancia desmedidos y fomentado por perseguir el crecimiento empresarial en áreas donde la organización no puede llegar a ser excelente, delimitado por actuaciones de líderes en contra de todo el sentido común o la negación de riesgos reales o falta de consideración de amenazas externas. En definitiva la empresa abandona su “talento” o su núcleo central del trabajo que la hace diferente y atractiva al no invertir y reinvertir en él y distraer sus recursos abarcando más de sus posibilidades.


La búsqueda indisciplinada del crecimiento (fase 2)

En esta parte se da la paradoja de que muchas de las organizaciones (lógicamente no todas) que más apuestan por la diversificación, innovación o toman actuaciones audaces son las que acaban “cayendo”. En este punto cobra especial relevancia los intentos de “crecer” a corto plazo no considerando estrategias a medio y largo plazo y la supervivencia de la organización. El crecimiento en sí no es el problema sino su persecución sin planificación ni disciplina que nos ponen en desacuerdo con nuestros valores esenciales como organización.

Uno de los puntos más destacados de esta fase es el incumplimiento de la llamada Ley de Packard (cofundador de HP) y que expone que ninguna organización puede elevar de un modo continuado sus ingresos de un modo más rápido que su habilidad para “tener” el personal más adecuado para garantizar su crecimiento y mantener la excelencia en su trabajo. De este modo una de las señales de “declive” en una organización es la alarmante proporción (que crece a medida que la organización también se eleva) de puestos relevantes (claves) ocupados por personas no aptas para dichos posiciones.


La negación del riesgo y el peligro (fase 3)

A esta tercera “opción” se llega por “acumulación” de las dos fases anteriores pues nuestra falsa fortaleza nos hace intentar ir muy deprisa y nos prepara para la negación del riesgo y peligro. En este caso Collins determina dos opciones que pueden producirse: la primera es apostar por una innovación de una manera fuerte sin pruebas empíricas suficientes y favorables de modo que esta “expedición” se puede llevar por delante a toda la compañía o la existencia de un declive gradual donde la bajada del interés de los clientes en nuestros productos o servicios, la bajada de rotación de existencias, el descenso de los márgenes o la falta de nuestra capacidad de fijar precios actúan como señales de alarma.

En este punto Collins delimita tres termómetros a controlar: la evolución de los márgenes brutos, el ratio circulante y el coeficiente de endeudamiento. La tendencia negativa en uno de estos tres puntos conlleva riesgo de tifón.


La búsqueda desesperada de la salvación (fase 4)


Empresas de caen (Jim Collins) II
En esta etapa la toma de conciencia de “estar en problemas” en una realidad. La organización generalmente intenta soluciones muchas veces “espectaculares” como el fichaje de personal externo para garantizar un cambio rápido en la organización o apostar todo al desarrollo de un trabajo o tecnología novedosa que en muchas ocasiones y en el mejor de los casos perpetúan el estancamiento de la organización (y no en pocas ocasiones la empresa se pone a la venta).

La única opción de “remontada” es trabajar en la “reordenación” de los puestos clave y la “colocación” del cliente en el centro de cualquier estrategia trabajando para que la entidad vuelva a desarrollar su núcleo central que la hace diferente (su enfoque).


Capitulación (fase 5)

En este punto y según Collins la dirección de la entidad puede asumir uno (o los dos) de los siguientes escenarios: que la “rendición” es la mejor elección frente a continuar el trabajo de la organización o que las opciones de continuar con su producción y/o servicio prácticamente desaparecen obligando a la empresa a la reducción continuada de su tamaño y fuerza y representando una “sombra” de lo que había llegado a ser. En este punto la empresa pierde sus opciones estratégicas a medio plazo y se enfoca en los resultados a corto lo que acaba “hipotecando” su posibilidad de recuperación.


No se puede “regresar” de la última fase (capitulación) aunque la cuarta fase todavía puede tener una salida pues el declive de una organización tiene origen en su gestión interna y por tanto la “curación” también depende de la propia empresa.

La base de la supervivencia, según Jim Collins, es tener directivos y líderes que puedan observar el próximo declive y conseguir que no se materialice. Todas las organizaciones, grandes y pequeñas, se enfrentarán a lo largo de su camino a situaciones complicadas, del método de gestión que apliquen dependerá su futuro.

“Perdurar o caer, sobrevivir o desaparecer depende más de lo que tú te hagas a ti mismo que de lo que el mundo te haga a ti”
Jim Collins, consultor, escritor y conferenciante estadounidense sobre gestión empresarial