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domingo, 22 de febrero de 2015

La eliminación del “desperdicio” en la Calidad

Shoichiro Toyoda definía el desperdicio o muda como cualquier otra cosa distinta a la cantidad mínima de equipos, materiales, espacio y tiempo del trabajador que nos son absolutamente necesarios para dar valor al producto.



El concepto de las actuaciones “no productivas” está tremendamente ligado a los sistemas de gestión de calidad. La optimización de los procesos de la empresa y la búsqueda de la eficiencia en la realización de los diferentes tipos de trabajo que desarrolla la empresa. Este concepto se ha ampliado a todas las actividades de la empresa incluyendo las áreas, como la administrativa, que no se encuentran ligadas a la fabricación o a la ejecución del servicio al cliente.

Múltiples metodologías (muy relacionadas entre sí) han enfocado la eliminación del desperdicio en las organizaciones: Kaizen, 5 s, la fábrica fantasma, el cero defectos y el Lean entre otros.

El concepto de Muda se integra en una trilogía formada por él junto con los términos Mura y Muri y que fueron ampliamente desarrollados por el Grupo Toyota hace unos cuantos años.

-     Se entiende por Mura o irregularidad la interrupción de la línea normal en la secuencia de trabajo tanto si se trata por la actividad que efectúa un trabajador como por el flujo de materiales, el trabajo de los equipos o la propia sistemática y procesos de trabajo. El término se encuentra muy relacionado con los “cuellos” de botella y su control y mejora suele ser uno de los trabajos más relevantes en los trabajos de consultoría ya que su eliminación suele conllevar una fuerte mejoría en el proceso de trabajo.

-     Por otro lado el término Muri o trabajo tensionante se produce cuando las condiciones de trabajo conllevan unas condiciones tensionantes para los trabajadores y/o equipos afectando, lógicamente a los procesos de trabajo relacionados (y por su relación a toda la actividad de la empresa). Su visibilidad se hace patente en los trabajadores “bisoños” y/o con poca experiencia sin el entrenamiento y formación suficientes lo que en la gran mayoría de las ocasiones lleva a una “ralentización” de los trabajos y/o a una elevación en el número de errores producidos. La solución lógica es la del diseño de un proceso formativo que incluya la adaptación donde el recién incorporado quede bajo la tutela de un trabajador más experimentado que le vaya capacitando y evaluando de un modo progresivo.


Clásicamente se diferencias siete tipos de muda que deben considerarse en los trabajos de calidad y mejora continua de en las empresas:

-  Exceso de inventario. Uno de los principales caballos de batalla de la filosofía Lean principalmente en el ámbito de la producción. Básicamente el almacenamiento en exceso de materia prima suministrada por nuestros proveedores, artículos en proceso o producto terminado eleva los costes de almacenamiento y en muchas ocasiones dificulta el movimiento de materiales dentro de las empresas.

-         Sobre-procesamiento o procesamiento incorrecto. Las dos opciones tienen un marcado ámbito de costes. El trabajar en exceso un artículo o el desarrollo demasiado “exquisito” de un servicio ofreciendo unas características no solicitadas (ni valoradas por el cliente) tiene un sobrecoste muy importante para la empresa además del enfoque de todo tipo de recursos hacia un área no necesaria. Por otro lado los fallos en la fabricación o errores en la prestación de servicio (no conformidades del trabajo o tratamiento reclamaciones posteriores) conllevan a una serie de retrabajos que conllevan la “colocación” de recursos para “rehacer” un trabajo que debería haberse efectuado correctamente.

-         Sobreproducción. Actuación muy común en la fabricación en serie donde se tiene en cuenta el coste de amortización de los equipos y se trabajo en relación a expectativas. Se corre el riesgo de generar una producción que el mercado en algún momento no puede (o quiere absorber) elevándose los costes de almacenamiento, transporte, etc. En las empresas de servicios este punto se traslada a un sobredimensionamiento de la entidad en todo tipo de medios quedando la entidad preparada para “picos” de trabajo pero derrochando recursos en las situaciones de trabajo “normales”. En la actualidad muchas entidades “capean” este problema mediante acuerdos con proveedores o subcontratistas de modo que se puede “externalizar” una parte no directa del trabajo o se pueda cubrir una elevación puntual de la demanda con subcontratistas cualificados.

-     Transporte innecesario*. Este concepto se ha llevado a la actualidad a todo proceso “tortuoso” y que conlleva una serie de “vueltas” innecesarias. En empresas de fabricación un correcto diseño en las líneas de trabajo y situación de las máquinas junto con la eliminación de los ya mencionados “cuellos de botella” ayudan a “fluidificar” las actividades de producción, por otro lado las empresas de servicios y transporte efectúan un diseño muy cuidadoso de las rutas de trabajo así como de los materiales básicos y necesarios para cubrir un aviso o pedido de un cliente.

Observación*. Muchos de los que trabajamos en consultoría al efectuar un primer análisis de lo que yo llamo el “flujo de papeles” principalmente en las áreas administrativas observamos las vueltas y vueltas (muchas de ellas sin sentido) que los múltiples registros que esta área emplea para su trabajo y que lógicamente ralentizan y saturan el correcto funcionamiento de esta área.

-     Esperas. Fases en cualquier parte de la línea de trabajo provocadas por falta de materiales, programas de trabajo, equipos, etc. que no están aportando valor al producto o servicio y que generan una serie de “tiempos muertos” inútiles. La solución pasa por una correcta programación del producto o servicio a prestar considerando todos los recursos (tanto humanos como materiales así como el tiempo necesario) para realizar correctamente el trabajo conllevando una “integración” organizada de toda la línea de trabajo y los procesos implicados con objeto de eliminar los tiempos muertos.

-  Movimientos innecesarios. En este caso se enfoca al movimiento de personal de una organización (o sus desplazamientos) que originan retrasos, duplicidades e ineficiencia. La correcta planificación de los recursos materiales que son precisos por el personal para el desarrollo de su actividad de un modo ordenado y sin “búsquedas” innecesaria o la buena planificación de las rutas de atención a clientes evitando viajes mal programados o una sobrecarga de recursos no necesarios son ejemplos a tener en consideración para evitar este tipo de "perdidas".

-         Defectos. Entendido como todo coste (económico, temporal, etc.) de reacondicionar procesos o partes del mismo ya efectuados pudiendo llevar a la destrucción de artículos mal fabricados, retrasos en los tiempos de entrega o de prestación de servicio y/o repetición de actividades, incluyendo el “demérito” de nuestro trabajo que se origina de cara al cliente (vía reclamaciones). Una buena programación de los procesos así como la correcta gestión de los recursos necesarios y el control de las condiciones de los productos solicitados a proveedores así como de las especificaciones acordadas con el cliente junto con unos buen nivel formativo del personal y un desarrollo correcto de los análisis de datos son condiciones indispensables para la mejora de las actividades del negocio en toda la línea de trabajo y la progresiva disminución de los fallos en el trabajo.


Como “extra” cabe añadir que Liker identificó un octavo tipo de muda: la no utilización de la creatividad de los empleados como consecuencia de su falta de participación en el sistema de calidad y no saber escuchar sus propuestas de un modo constructivo supone una pérdida de ideas, mejoras potenciales, oportunidades y destrezas que redundan en una falta de implicación del personal en los sistemas de gestión y conllevan una pérdida de actuaciones potenciales muy relevante*.

Nota*. En no pocas ocasiones los consultores de calidad enfocamos nuestro trabajo hacia la Dirección y el Responsable de Gestión y olvidamos el gran potencial a la hora de diseñar y/o mejorar los procedimientos de la empresa que tiene el personal que desarrolla las tareas. Se trata de un fallo garrafal al no “poner en juego” todas las potenciales ideas de trabajo que pueden ser estudiadas y hacer partícipe al personal de su Sistema de Calidad.


El conjunto de “problemas” mencionados arriba elevan el desperdicio (Muda) de la empresa como consecuencia de los errores y/o tensionesgeneradas elevando claramente los múltiples costes en las entidades. Su identificación, análisis y adopción de acciones para su desaparición contribuye claramente en el ahorro de recursos en las organizaciones así como a búsqueda de la "excelencia operacional" como disciplina de valor.


“Hay una forma de hacerlo mejor, encuéntrala”.
Thomas Alva Edison, empresario e inventor estadounidense.





lunes, 12 de enero de 2015

Los cuatro pilares de la calidad

Este artículo lo he redactado para la revista digital http://nuevagerencia.com/ y mi gran amigo Jesús ha sido tan amable de publicarlo. En el reviso los que considero, en el momento actual los cuatro aspectos más relevantes de los Sistemas de Gestión de la Calidad.


Los cuatro pilares de la calidad


Tal y como he comentado en alguna ocasión considero que las colaboraciones son muy importantes en nuestro trabajo.

Os dejo el enlace y espero que os guste:


domingo, 21 de diciembre de 2014

La “horizontalidad” de la calidad

El correcto desarrollo y mantenimiento de un Sistema de Gestión de la Calidad en una organización conlleva asociado que exista una “cierta” relación horizontal entre sus áreas de cara a la correcta prestación de servicio a sus clientes.



En cualquier entidad orientada a la calidad su gestión debe encontrarse orientada al cliente diseñando sus procesos con claridad y sencillez de modo que se garantice que nuestro servicio se efectúe con eficiencia, rapidez y con la mayor rentabilidad posible. 


Este tipo de actuación se garantiza en mayor medida con interrelaciones ágiles entre los departamentos y asumiendo la figura de “cliente interno” en las empresas y lógicamente considerando las diversas “calidades existentes":

-     La calidad del mercado. Es el conjunto mínimo de requisitos que el mercado demanda de un determinado producto o servicio. Este aspecto delimita la línea básica de la secuencia de los procesos a seguir por nuestra empresa con objeto de cubrir estos requerimientos mínimos.

-        La calidad requerida por los clientes. Muestra la evolución de las necesidades de los clientes y amplía el concepto anterior “obligando” a “perfeccionar” nuestra línea de trabajo adecuándola a sus requisitos particulares (este es un claro ejemplo de la necesidad de una empresa en su adaptación de un determinado segmento no debiendo olvidar nunca que nuestra “flexibilidad” es limitada).

-     La calidad percibida o real Muestra la realidad de la opinión de nuestros clientes sobre nuestros servicios o artículos y ofrece la visión verdaderamente conseguida con nuestro trabajo. Supone una “retroalimentación” a nuestro sistema creado que debe emplearse en actuaciones de mejora continua.


Desde mi punto de vista dos son los motivos “claves” que “obligan” a tener en cuenta el enfoque digamos “más plano” (y más relacionado con la excelencia empresarial) en la actuación de las entidades:

-    El propio enfoque basado en procesos, obligado como uno de los principios básicos de la sistemática de calidad tanto para la implantación de sus requisitos como para la gestión de sus diferentes actividades y que conlleva la interrelación de los diferentes componentes de los diversos departamentos que conforman la empresa (este enfoque se lleva al extremo en la reingeniería de procesos, siendo la piedra angular de la metodología de Harrington)

-      La orientación hacia el cliente que toda entidad tiene que tener de modo que se garantice que sus actuaciones se encaminan a tratar correctamente toda la información recogida así como cumplir con los requisitos necesarios para desarrollar satisfactoriamente su trabajo.


La necesidad de tener un sistema que nos permita que nuestra actividad como empresa satisfaga eficientemente las necesidades y requerimientos de nuestros clientes (siendo muy importante la determinación de los llamados Momentos de la Verdad) nos enfoca a desarrollar nuestro trabajo con estructuras empresariales “planas” y de carácter “horizontal” donde un trabajador no solamente está “conectado” con su superior jerárquico sino que además debe mantener una estrecha relación con los integrantes de las tareas previas y posteriores a sus trabajos de modo que se potencie el conocimiento general de la empresa (concepto desarrollado por el modelo 7s de McKinsey) y potenciando la figura del cliente interno en las organizaciones.

Esta estructura y metodología “horizontal” de trabajo, acompañada en la mayoría de las ocasiones con un apoyo externo por colaboradores tendentes a organizaciones tipo trébol y a focalizar sus esfuerzos en línea con sus Factores Críticos de Éxito, conlleva las siguientes ventajas operativas:

-    Mayor efectividad con el cliente al mejorar la calidad del servicio o producto suministrado, reducción de tiempos de trabajo (y entrega o realización) y bajada de coste del trabajo o producto generado.

-        Mejora en la eficiencia de la sistemática de trabajo al optimizar los recursos necesarios y situar a los responsables de cada área como "pequeños" líderes con capacidad de decisión e integrados dentro de la estrategia general de la organización: el llamado nuevo liderazgo.

-   Sistemas más “robustos” de cara a las posibles variaciones en sus trabajos. La calidad “homogeiniza” los artículos fabricados y los servicios prestados independientemente de las personas que participan el ellos.

-       Mayor “flexibilidad” de cara a adaptaciones o requisitos nuevos del mercado al contar con el trabajo de todos los implicados en los diferentes procesos que conforman el trabajo (las nuevas necesidades pueden “reflejarse” en toda la “línea” contrastando las necesidades requeridas para la adaptación)*.

Observación*. La adaptabilidad junto con los valores, la innovación, la pasión y la ideología (basada en entidades más horizontales) son el quinteto defendido por Hamel como factores de éxito en la empresa actual (Lo que Ahora Importa, 2011).


En contraposición las organizaciones excesivamente verticales conllevan los siguientes “peligros”:

-    Se corre el riesgo de que las “funciones” cobren mayor protagonismo que los clientes de la empresa.
-  En algunas ocasiones las ciertas “responsabilidades” caen en varias áreas provocando actuaciones compartidas poco claras.
-   Puede desaparecer la “trazabilidad” del trabajo perdiendo de vista el “valor añadido” en el servicio efectuado.


En resumen los requerimientos del mercado, clientes y nuestra propia sistemática de organización marcan la organización de nuestras actividades y su desarrollo de modo que la eficiencia de nuestro trabajo se efectúa en las condiciones más óptimas, manteniendo una correcta retroalimentación (vía clientes y evolución del mercado, ver también artículos de la trilogía de la calidad de Juran y el concepto de las 3 calidades) con el fin de ser lo más flexibles posible. En este escenario la “horizontalidad” de las empresas “allana” el camino para que nuestro servicio se efectúe en las mejores condiciones posibles.


“La percepción de tus clientes es tu realidad”
Kate Zabriskie, consultora formativa estadounidense.




domingo, 14 de diciembre de 2014

La “universalidad” de la ISO 9001

En el presente artículo me adentro en el concepto de la universalidad de la ISO 9001 considerando como una de sus grandes ventajas competitiva su implantación en cualquier tipo de organización, independientemente de su tamaño o sector.

Este artículo lo he creado para un buen compañero de profesión llamado Jesús Araque y se ha editado en su revista digital nuevagerencia.com: 


Espero que os guste.




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los “actores” de la calidad en las empresas

Los "actores" de la calidad en las empresas


El desarrollo y mantenimiento de un Sistema de Gestión de Calidad en las organizaciones conlleva “aunar” los esfuerzos y el trabajo de una serie de “figuras” de la entidad con el fin de mejorar progresivamente la misma. 


La mejora continua del Sistema implantado en una empresa depende de la consideración y el “equilibrio” entre todos los que conforman dicho Sistema, siendo su participación activa necesaria para la “integración” correcta del Sistema de Calidad en los “engranajes” de la organización.

Estos actores son:

-    La Dirección. Representa el verdadero artífice del cambio necesario y como “cabeza” de la entidad debe asumir un papel activo y de liderazgo en el Sistema de Gestión de Calidad marcando la misión, visión y valores de la empresa. Su visión global de la entidad y la determinación de su estructura así como “punto final” de la recogida de datos conlleva a ser el “marcador final” de los objetivos y mejoras correspondientes (generalmente teniendo en cuenta la opinión del Representante de la Dirección/Consultor y los cargos intermedios). Lógicamente provee de los “recursos” necesarios al Sistema y a la propia organización para el logro de sus objetivos y determina claramente hasta dónde va a llegar el sistema de gestión, debiendo evitar en el desarrollo de su trabajo las denominadas por Deming "Siete Enfermedades mortales de la Dirección". 

-         El Representante de la Dirección / Consultor*. Corresponden a los “pivotes” de la empresa sobre los que “descansa” la “arquitectura” del Sistema de Gestión. Su función es clave en el desarrollo y control documental, recogida y análisis de datos, comprobación del seguimiento de los procesos definidos, seguimiento, control (y en muchas veces actores principales) de la resolución de incidencias y evolución de mejoras y objetivos propuestos y por supuesto, la gestión de los recursos para lograr los objetivos diseñados.

Nota*. Lógicamente esta figura no existe en todas las empresas (pero para aquellas organizaciones que cuentan con su colaboración su trabajo suele estar muy relacionado con el Representante de la Dirección o el Área-Departamento de Calidad (en organizaciones de mayor envergadura).

-  Los cargos/responsables intermedios. Son los pilares de sus correspondientes departamentos y los responsables de controlar la aplicación del Sistema de Gestión de Calidad en su área. Su cercanía a los trabajadores los hace relevantes para controlar las “brechas” y posibles mejoras en el sistema tanto en su departamento como en la relación con el resto.

-        El personal. La pieza “fundamental” de cualquier empresa. Son los encargados de “llevar a la práctica” el sistema mediante el uso de los registros y el seguimiento de las directrices generales de la entidad. Su formación y colaboración es clave para la detección de errores, opiniones de clientes y posibles actuaciones de mejora.

-      Los proveedores. La relación más estrecha con los proveedores se ha convertido para muchas empresas en fundamental como consecuencia de la implantación de modelos empresariales tipo trébol, los sistemas de gestión han propiciado un mayor análisis de los mismos, su “descenso” en número y la necesidad, para muchas entidades, de “aunar” esfuerzos con sus proveedores, subcontratas y colaboradores de cara a mejorar el servicio al cliente y en muchas ocasiones integrar el “trabajo” del proveedor en la línea de servicio de la organización.

-    Los clientes. En los últimos años ha tomado conciencia la orientación de los Sistemas de Calidad de las organizaciones para “cumplir” las expectativas de los clientes. Desde la realización de los presupuestos hasta la “comprobación” de su satisfacción pasando por el diseño de los productos o servicios teniendo en cuenta su opinión, ésta se ha convertido en referente para todas las empresas tienen interés en la calidad. Las organizaciones han ideado sistemáticas para controlar su opinión y observaciones así como mecanismos de registro y actuación ante reclamaciones de clientes (y la comprobación de su corrección). En muchos “diagramas de procesos” los clientes se han convertido en la “entrada” y “salida” general de los mismos con objeto de mejorar los servicios ofrecidos y ganar su fidelidad.


La “correcta” participación de todos estos “actores” en el Sistema de Gestión de Calidad, considerando sus relaciones con el resto de los “agentes”, la información y conocimientos que cada parte puede aportar y la“gestión” de toda la información recogida, de un modo ordenado y bajo los principios de la calidad, con objeto de determinar las líneas de actuación de la empresa, considerando en todo momento datos de primera mano y optimizando sus costes constituyen principales  factores clave para el éxito actual de cualquier empresa.


“Preocúpate por la calidad, mucha gente no está preparada para un entorno donde la excelencia es lo que se espera”

Steve Jobs (Empresario estadounidense del sector informático)



domingo, 21 de septiembre de 2014

Otra visión de la calidad: el modelo EFQM

Otra visión de la calidad: el modelo EFQM



Además de la implantación de Sistemas de Gestión de la Calidad basados en los requisitos de la Norma UNE-EN ISO 9001:2008 (pronto 2015) existen otros modelos para introducir el concepto de la calidad en las organizaciones. Uno de ellos es el modelo europeo EFQM desarrollado por Europa a principios de los años ´90 en respuesta a Modelo de Deming (Japón) y al Modelo de Malcolm Baldrige (EE.UU.).




Los conceptos fundamentales para la Excelencia “defendidos” por el modelo EFQM en su “versión” de 2013 son los siguientes:

-         Añadir valor para los clientes.
-         Crear un futuro sostenible.
-         Desarrollar la capacidad de la organización.
-         Aprovechar la creatividad y la innovación.
-         Liderar con visión, inspiración e integridad.
-         Gestionar con agilidad.
-         Alcanzar el éxito mediante el talento de las personas.
-         Mantener en el tiempo resultados sobresalientes.


Por otro lado el modelo EFQM define los criterios que aportan el marco para ayudar a las entidades a llevar los conceptos anteriores a la práctica a través de la relación causa-efecto entre lo que hacen las empresas (los llamados agentes facilitadores) y los resultados conseguidos:

-         Agentes facilitadores (revelan el modo de actuación de la entidad):

-   Liderazgo. Se hace hincapié en que los directivos actúan como modelo de referencia (implicándose, interactuando con partes interesadas y reforzando la cultura de la excelencia) de sus valores y principios éticos de modo que inspiren confianza en todo momento correspondiendo a la razón de ser de la entidad (misión) y el tipo de empresa en que desea convertirse (visión) a través de sus conocimientos, expectativas y relaciones entre sus integrantes (valores).

-      Estrategia. Conlleva una definición de su misión, visión y valores en relación a sus grupos de interés. El despliegue de las políticas, objetivos, planes, procesos de trabajo desarrolla la visión de la organización. Se debe considerar toda la información (análisis) de la sociedad, los clientes, los proveedores, los empleados, los accionistas, el marco legal, la economía y la competencia.

-       Personas. Se produce una valoración de los integrantes de la organización (activos intangibles) promocionando los objetivos personales y desarrollando medidas de comunicación interna, actuaciones de motivación, implicación y asunción de responsabilidades, marcaje de recompensas y dinámicas para emplear las capacidades y conocimientos de los trabajadores en beneficio de la entidad.

-       Alianzas y Recursos. La relación con proveedores, colaboradores e incluso competidores y la gestión de sus recursos internos (incluyendo los económicos y financieros, infraestructura, tecnología e información y conocimiento). El objetivo es alcanzar un equilibrio entre las necesidades actuales y futuras de la entidad.

-        Procesos*, Productos y Servicios. El correcto diseño y gestión de los procesos de trabajo de la entidad con vistas a la mejora de sus productos o servicios conlleva una elevación del valor añadido de los mismos de cara a sus clientes así como de otros grupos de interés de la empresa.

*Nota. Para el EFQM es una secuencia de actividades que van añadiendo valor mientras se produce un producto o servicio, considerando además tres grandes bloques: procesos estratégicos, procesos operativos y procesos de apoyo.



-         Resultado conseguido (reflejan los logros de la organización):

-    Resultados en los Clientes. El cómo ven los clientes a nuestra organización y su opinión general desde que se produce el primer contacto hasta la adquisición del producto servicio y la atención post-venta (los llamados "Momentos de la Verdad") conllevan un control de aspectos complementarios sobre la accesibilidad de nuestra organización, su capacidad de respuesta, nuestra calidad de los productos/servicios, la capacidad y cortesía de nuestro personal, la garantía de nuestro producto/servicio, las reclamaciones (número, tiempo de respuesta, tiempo de resolución, etc.), fidelidad de clientes, etc.

-        Resultados en las personas. Del mismo modo que lo anterior pero en relación al personal de la organización se debe “medir” la percepción de los empleados en relación a nuestra empresa. Generalmente este control se agrupa en dos grandes bloques: medidas de motivación (desarrollo profesional, comunicación interna, delegación de responsabilidades, reconocimiento, formación impartida, igualdad de oportunidades etc.) y medidas de satisfacción (entorno de trabajo, relaciones con el resto del personal, condiciones del puesto de trabajo, salario, etc.)

-    Resultados en la sociedad. El impacto en los grupos de interés y en el “entorno” de la organización son controlados y analizados en el EFQM. Iniciativas culturales, de apoyo a la comunidad o temas medioambientales son tenidas en cuenta en este sistema.

-     Resultado de negocio. El EFQM no olvida que cualquier organización tiene como principal objetivo “ganar dinero” y mantenerse en el mercado. El sistema considera datos como capital social, precio de sus acciones, cash flow, ventas, márgenes, información sobre sus inversiones, cuota de mercado, etc.


La sistemática indicada se complementa con una evolución de los criterios y subcriterios, en número de 32 (los criterios indicados arriba se dividen en una serie de subcriterios para facilitar su valoración) tanto de agentes facilitadores como de resultados teniendo en cuenta el cuadro siguiente:



La revisión continuada de los criterios mediante un sistema de autoevaluación permite comprobar el progreso de la organización, pudiendo completarse con una evaluación externa orientada a la obtención de un “premio” o “Sello de Excelencia”.

La evaluación o validación del EFQM se efectúan a partir del “Esquema Lógico REDER (Resultados, Enfoque, Despliegue, Evaluación y Revisión” una herramienta basada en el Ciclo de Deming de la mejora continua.

En resumen el esquema de sellos EFQM tiene 4 niveles de reconocimiento externo siendo la escala de puntos continúa y los niveles son establecidos por el Club de Excelencia en Gestión:
  
-         +200 puntos: Compromiso hacia la excelencia.
-         +300 puntos: Excelencia Europea 300+
-         +400 puntos: Excelencia Europea 400+
-         +500 puntos: Excelencia Europea 500+


Nota. El modelo EFQM permite llegar hasta los 1000 puntos aunque en la práctica es difícil superar los 600 puntos.


Como conclusión se debe considerar la mayor “amplitud” del EFQM en las organizaciones pues abarcar ya inicialmente aspectos de la organización relacionados con su financiación y empleo de sus recursos financieros (aspecto ausente en muchos sistemas ISO 9001), conlleva una mayor participación del personal y una toma en consideración de las opiniones de los trabajadores (convirtiendo a los trabajadores en pieza fundamental de la organización de un modo similar al kaizen y su modelo asociado 5s), fomenta una mayor red de alianzas con todos sus colaboradores y partes interesadas (especialmente proveedores que influyen directamente en nuestro trabajo) y pone especial énfasis en el desarrollo de nuestra organización dentro de la sociedad y del entorno en el que operamos tomando conciencia de la opinión de los grupos de interés “afectados” por nuestras instalaciones, productos o servicios (parece que la nueva versión de la ISO 9001 hace alguna referencia a este punto).


“Predecir es muy difícil, y sobre todo el futuro.”
Niels Bohr, Físico danés.




sábado, 6 de septiembre de 2014

El planteamiento de los objetivos de calidad



Una de las “salidas” más importante tras la realización de la Revisión del Sistema de Gestión de Calidad es la programación de los objetivos y mejoras a alcanzar por la organización para el siguiente periodo (generalmente anual).


Para el correcto planteamiento de estos objetivos la empresa ha tendido que revisar todos los datos recogidos durante el periodo anual anterior, siendo los principales “actores” a tener en cuenta:

- La evolución del cuadro de indicadores planteado para el periodo analizado (muchas entidades analizan sus actividades prioritarias determinando los llamados Factores Críticos de Éxito como apoyo a una más eficiente estrategia). La determinación de los indicadores de proceso conlleva a que mediante el estudio de la evolución de estos valores la empresa tenga una idea clara de cómo funcionan y lo que es más importante se comportan en el tiempo, los diversos procesos de la empresa (y su análisis empleando las 7 herramientas de la calidad). Su correcto planteamiento es, por tanto vital como línea de entrada en cualquier revisión (ya sea anual o periódica) y a la adopción posterior de decisiones.

-       Los resultados de las auditorías efectuadas. Tanto la internas (o internas) realizadas por la propia entidad (mediante personal interno o externo) como la efectuada por el organismo de certificación (inicial, de seguimiento o de renovación). El conjunto de las desviaciones detectadas (incluyendo su repetitividad y relevancia) así como de las “observaciones” o que se encuentren recogidas en el informe son una pieza fundamental para la adopción de medidas para “corregir” nuestros puntos débiles o mejorar ciertas áreas de nuestra organización.

-      La valoración y opiniones de clientes. En este punto debe considerarse tanto la información recogida vía encuestas de satisfacción (o cualquier otro método elegido para controlar directamente la opinión de los clientes) como los datos correspondientes a sus reclamaciones. No debemos olvidar que nuestra empresa está en el mercado y depende en gran medida de esta información. La determinación de un buen método de valoración de clientes (recomiendo que sea cuantificable y reproducible en el tiempo para futuras comparaciones) que incluya los apuntes, recomendaciones y observaciones efectuadas por ellos con el fin de integrar esta información en el sistema así como nuestra estructura de resolución de reclamaciones y estudio del resultado final de las mismas (incluyendo incluso aquellas quejas que no sean procedentes) ofrece una información vital para la supervivencia del negocio y mejora progresiva del mismo.

-        El conjunto, distribución y seguimiento de las acciones (tanto correctivas como preventivas) emprendidas por la organización. Generalmente los Sistemas de Calidad están “diseñados” para que el conjunto de no conformidades o reclamaciones relevantes o importantes, y el correcto estudio de sus causas, conlleven la apertura de una acción correctiva. De igual modo las líneas de mejora u observaciones que no conllevan un incumplimiento del sistema pero que “chirrían” de algún modo ofrecen información para emprender acciones preventivas. Datos como su tiempo de resolución, porcentaje de resolución satisfactoria, “repetitividad” de las mismas, etc. ofrecen una información inestimable de cara a programar objetivos y acciones futuras que contribuyan a la mejora del Sistema.


Los cuatro puntos citados anteriormente abarcan datos, de todos los actores interesados, en relación a todos los procesos del Sistema de Gestión de la Calidad de la organización y, correctamente diseñados, ofrecen la información necesaria sobre las áreas más relevantes o de interés para la organización.

Por otro lado y para la determinación correcta de un programa de objetivos este debe abarcar:

-         El objetivo a conseguir propiamente dicho. Debe recogerse claramente el fin que se pretende conseguir, siendo recomendable su cuantificación numérica (existen ocasiones en las cuales la consecución del objetivo es “todo o nada” es decir 100 % o 0 %.

-         Las medidas asociadas al mismo. Para conseguir “alcanzar” el objetivo propuesto la empresa debería definir una serie de actuaciones particulares para apoyar su realización: realización de acciones formativas, diseño de formatos informáticos, revisión de documentos, realización de estudios o planes de calidad, cambio de cierta infraestructura, etc.

-     Los plazos de consecución. Las medidas particulares definidas deben contemplar el tiempo previsto de su realización de modo que las sucesivas acciones se implementen en secuencia (o combinadas) en el tiempo dependiendo del fin a lograr y de la definición de las mismas. Se deberían marcar “hitos” de control para comprobar la realización de las acciones de acompañamiento programadas (mensuales, trimestrales, ....)

-    Los recursos y personal implicados. Al igual que los plazos los medios dispuestos por la Dirección de la entidad para “intentar” alcanzar los objetivos propuestos vía sus medidas asociadas, éstas deberían reflejar el conjunto de recursos que la Dirección de la empresa “suministra” para llevar a cabo las mejoras (proveedores, recursos económicos, estudios, etc.) así como el personal involucrado en la realización y control de dichas acciones asociadas (responsables, Gestión de Calidad, la propia Dirección, ...).


Tras el correcto planteamiento de los Objetivos por parte de la organización junto con sus acciones asociadas sólo resta el control periódico de su realización a lo largo del periodo de vigencia de los mismos. El propio Sistema de Calidad implantado por la organización deberá “tener” controles y vías de actuación ante la no realización correcta de las mejoras asociadas a los Objetivos correspondientes así como a la evolución “no conforme” de los mismos en relación a lo que se pretende conseguir.

Los Objetivos de Calidad de una organización marcan la “punta del iceberg” del camino planteado por la empresa para participar del ciclo de mejora continua pues en su determinación participa lo más relevante del análisis de lo más referente de la organización en el periodo anterior analizado como los recursos y el “empuje” de la Dirección (dependiendo hasta donde quiera llegar) en línea de lo que se quiere mejorar para el siguiente periodo.