En el desarrollo de la
gestión empresarial dos cuestiones cobran especial relevancia para cualquier
toma de decisión: nuestro grado de comprensión de un asunto concreto y el nivel
de conocimiento que podemos poseer del resultado futuro de nuestras acciones
presentes. La consecución de estas dos premisas se vuelve más complicada cuando
el contexto donde “se mueve” nuestra organización es más volátil, incierto,
complejo y ambiguo que el conocido en el pasado.
Es un hecho que la
agilidad, el cambio y la rapidez se han convertido en muchos sectores en parte
esencial del trabajo desarrollado. La necesidad de adoptar decisiones estratégicas por
parte de los líderes de las organizaciones sin tener todos los datos
disponibles y en mercados cuyo cambio es una constante aparece en la segunda
década del siglo XXI como una realidad empresarial.
El entorno VUCA* (formado por el acrónimo en inglés de los
términos: Volatility, Uncertatinty, Complexity y Ambiguity) viene
caracterizado la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad,
marcando cada uno de estos cuatro factores un “escalón” a superar por parte de
la organización en la toma de cualquier acción:
- Volatilidad
entendida como la elevación de las tareas y sus ritmos de realización así como
los cambios que deben ser afrontados.
- Incertidumbre que
viene marcada por la poca previsión de las situaciones futuras, aspecto muy relacionado con los llamados cisnes negros o rinocerontes grises.
- Complejidad, la cual
abarca nuestra problemática para diferenciar entre la causa y el efecto de muchas de
las situaciones analizadas.
- Ambigüedad
definida como una falta de precisión en la definición
de cualquier aspecto de nuestra vida.
Observación*. El termino VUCA proviene de la década de los
noventa y tiene su origen en la situación de incertidumbre y cambio surgida al
final de la guerra fría, se trata de un concepto concebido en torno a una
situación “de guerra” que se ha transferido al ámbito de la gestión
empresarial.
Parece que la única “arma”
efectiva para lidiar con este tipo de entorno es la gestión del conocimiento
abarcando dicho concepto el desarrollo de las habilidades directas e indirectas
necesarias en nuestro trabajo y sector e incluyendo una gran dosis de
adaptabilidad y el desarrollo de habilidades que nos mantengan en permanente
“unión” con nuestro sector y mercado (así como con
los adyacentes) para vislumbrar tendencias de tal modo que podamos
“predecir movimientos” del mismo. Desde esta base tres serían las
consideraciones básicas a tener en cuenta:
- La
“obligación” de formación constante. La necesidad de conocer todo nuestro
negocio (incluyendo también el de
nuestros proveedores y colaboradores)
especialmente su entorno y las opciones y amenazas de futuro que se van
abriendo camino se convierte en una acción vital para mantener nuestro negocio
“en la brecha”.
- La
necesidad de procesos sencillos. Los diversos procesos de trabajo deben ser
diseñados (y ejecutados) de un modo simple y claro. Se deben evitar
ambigüedades o falta de información relevante. Esta dinámica contribuye a la
agilidad de nuestra organización a su trabajo en la búsqueda de la excelencia y mejora la posibilidad de adaptación de
nuestros procesos ante necesidades de cambio*.
*Observación. Los que desarrollamos nuestra
carrera profesional como consultores de
negocio y en especial en el ámbito de la calidad
sabemos por experiencia la dificultad que entraña la modificación de procesos
en las organizaciones. Su delimitación “forzada” o “complicada” se convierte en
una rémora para sus posteriores modificaciones y adaptaciones.
- Un liderazgo
efectivo. Puede considerarse el último “ingrediente” necesario de la
triada reseñada. El cambio y su gestión es un factor de desestabilización en cualquier
empresa por lo cual la existencia de un liderazgo resolutivo y con las ideas
claras es una necesidad relevante para enfrentarnos a entornos de incertidumbre.
Este liderazgo
debe entenderse en todos los niveles de la empresa por lo cual la actuación y
proactividad de los cargos intermedios como consecuencia de su conocimiento y
su actuación de “bisagra” entre los diferentes niveles de la entidad, es un
ingrediente indispensable para la gestión de entornos cambiantes.
La aplicación del
“triángulo” anterior es un requisito esencial para la gestión de los entornos
VUCA, la formación y capacitación de toda la organización es básica para
“predecir” tendencias y gestionar correctamente la estrategia empresarial a medio y
largo plazo, por otro lado el conocimiento y la existencia de procesos
sencillos y adaptables facilita la adopción de cambios (“en la sencillez está la fuerza”) y por último una buena gestión del
liderazgo es indispensable para armonizar y gestionar eficazmente todos los recursos de la organización (incluyendo los
de nuestros colaboradores).
Merece una reseña Bob
Johansen autor del libro “Los líderes
hacen el futuro” que abordó la gestión de los entornos VUCA considerando un
acrónimo similar:
- Visión de
futuro como antídoto para a la volatilidad e hiperconexión de las múltiples
variables.
- Entendimiento
(understanding) o conocimiento
para abordar las situaciones de incertidumbre (uncertainty) acompañado con comprensión y empatía.
- Claridad y
simplicidad como características para hacer frente a la complejidad. La
excesiva burocracia, niveles y la “pesadez” de las actuaciones de
las organizaciones se convierte en un tremendo lastre en la toma de decisiones.
- Agilidad para superar la ambigüedad,
en este caso nuestra capacidad para reaccionar ante los diferentes sucesos es
más relevante que la propia planificación, en este punto modelos como el ciclo OODA son de gran utilidad para comprobar los diversos escenarios que pueden producirse.
Considerando los parámetros
inherentes a los entornos VUCA paso a paso estamos comenzando a perfilar una
serie de líneas maestras de actuación para su gestión con éxito así los líderes
precisan de mantener su integridad como eje de actuación y
autenticidad a pesar de los cambios, la búsqueda de nuevas ideas y
perspectivas estando abierto a nuevos conceptos, mantener la humildad como actitud
proactiva ya que se dan muchas situaciones que desconocemos en nuestro día a
día, definición (y mantenimiento) del
propósito y la visión de la entidad como alma para su impulso, estar cómodos
en la incertidumbre asumiendo que se está aprendiendo y creciendo,
trabajar con nuestros grupos de interés que nos ayudan a
conocer nuestro propio negocio y condicionarán en gran medida nuestra
estrategia, ejercer la escucha activa pues se desconoce de
donde va a salir la siguiente gran idea y por último debe mantenerse el foco en
lo probable
ya que cualquier suceso puede ocurrir*.
Nota*. Esto
supone un fuerte desgaste en los líderes de la entidad. Los actuales sistemas
basados en la valoración del riesgo (ej. UNE-EN ISO 9001:2015) enfocan su toma de decisiones en relación a lo probable que
es lo que tiene más posibilidad de suceder (considerando además el impacto que
ese suceso puede producir en la organización).
Lógicamente los directivos y líderes de las organizaciones disponen de un tiempo limitado y abarcar todas las opciones y sus múltiples escenarios es una obra titánica, por ello y tal y como dice Simon Sinek “los líderes comen al final” ya que marcan la senda para el resto.
Básicamente se debe
concluir que la dinámica del trabajo no ha variado en los últimos años aunque sí
lo han hecho los procesos (rapidez de los
mismos) y la necesidad de tomar decisiones, lo que ha provocado que el
entorno VUCA esté presente en todas las facetas de nuestra vida desde la
política hasta nuestro desarrollo personal/profesional pasando por la gestión
de los recursos y las relaciones humanas. En los entornos cambiantes el
liderazgo se encuentra relacionado con las oportunidades de mejora,
el cumplimento de los objetivos y el apoyo y gestión correcta de sus recursos,
todo ello manteniendo la visión de la organización que debe ser
entendida por toda la organización con una palabras comunes que describan sus
valores y ayuden a su puesta en práctica.
“El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya
no es lo que era.”
Paul Valéry escritor, filósofo y poeta francés (siglos
XIX y XX)
Autor. Daniel Blanco

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