En los últimos años, el ecosistema empresarial ha vivido obsesionado con una criatura mitológica: el Unicornio. Todos los titulares, rondas de inversión y escuelas de negocio parecían apuntar a lo mismo: crecer rápido, escalar a cualquier precio y alcanzar esa valoración mágica de los 1.000 millones de dólares.
Sin embargo, como bien sabemos los que nos dedicamos a la gestión de la calidad, un crecimiento acelerado sin unos cimientos sólidos suele derivar en procesos deficientes, falta de cultura organizativa y, en última instancia, una fragilidad sistémica.
Aquí es donde entra el Movimiento Cebra. Frente a la fantasía del crecimiento infinito del unicornio, surge la realidad de la cebra: un animal real, blanco y negro (rentable y con propósito), que vive en manada y es capaz de resistir en entornos hostiles.
Como consultor, hoy quiero sentar a estos dos modelos en la mesa de diagnóstico. ¿Cuál es más eficiente? ¿Cuál garantiza la supervivencia a largo plazo?....
La Anatomía del Unicornio: Velocidad frente a Control
Un Unicornio es, por definición, una startup tecnológica que alcanza una valoración de 1.000 millones de dólares sin haber salido a bolsa. Pero, si analizamos su ADN desde el prisma de la ISO 9001 o los modelos de excelencia, encontramos paradojas interesantes.
En primer lugar el llamado mantra del crecimiento exponencial. El objetivo principal de un unicornio es el Blitzscaling (crecimiento relámpago). Se prioriza la cuota de mercado sobre la rentabilidad inmediata. Para un consultor de estrategia, esto supone un riesgo operativo altísimo. Cuando escalas un proceso que aún no es maduro, no estás escalando éxito; estás escalando ineficiencias y desperdicios.
Otro aspecto a considerar es la dependencia del capital riesgo. Los unicornios no suelen vivir de sus clientes, sino de sus inversores. Esto altera la jerarquía de la calidad: en lugar de centrarse en la satisfacción del cliente final, la empresa se enfoca en satisfacer las métricas de la próxima ronda de financiación. Esto supone un fuerte riesgo estratégico pues si el flujo de capital se corta (como hemos visto en las correcciones de mercado recientes), la estructura colapsa porque el modelo de negocio "no sabe" ser rentable por sí mismo.
El Surgimiento de la Cebra: Rentabilidad y Propósito
El término Empresa Cebra nació de la mano de emprendedoras como Jennifer Brandel y Mara Zepeda. Su tesis es sencilla pero revolucionaria: necesitamos empresas que sanen la sociedad, no que la "disrumpan" hasta romperla.
Bajo esta premisa se posicionan dos “colores”: Blanco y Negro: La dualidad necesaria. Estas organización es denominan cebras porque se corresponden con estos dos colores. Para el color negro se trata de negocios con fines de lucro. Buscan la rentabilidad desde el primer día. No son ONGs. Las organizaciones “pintadas” de blanco tienen un propósito social o ambiental claro. La calidad aquí no se mide solo en el margen neto, sino en el impacto positivo en su ecosistema.
En este punto es relevante el llamado “poder de la manada (colaboración vs. Monopolio)”, donde a diferencia del unicornio, que busca ser el "ganador que se lo lleva todo" (estilo Uber o Amazon), la cebra prefiere la cooperación. En términos de estrategia empresarial, esto se traduce en una mayor resiliencia. Las cebras construyen redes de alianzas, lo que reduce el riesgo de dependencia y mejora la agilidad ante cambios del mercado.
Comparativa Estratégica: Cuadro de Mando
Una comparativa técnica basada en los de ambos tipos de “empresas” sería la siguiente:
|
Variable |
Modelo Unicornio |
Modelo Cebra |
|
Objetivo
Principal |
Valoración
(Exit / IPO) |
Sostenibilidad
y Rentabilidad |
|
Ritmo
de Crecimiento |
Exponencial
(Hockey stick) |
Orgánico
y Sostenible |
|
Enfoque
de Mercado |
Monopolio
/ Dominio |
Pluralismo
/ Nicho |
|
Gestión
de Recursos |
Alto
"Burn Rate" (Gasto) |
Eficiencia
Operativa (Lean) |
|
Visión
de Éxito |
Cantidad
y Rapidez |
Calidad
e Impacto |
|
Estructura |
Jerárquica
/ Agresiva |
Colaborativa
/ Horizontal |
El Factor Calidad: ¿la Cebra más cerca de la excelencia?
Si analizamos los principios de la Gestión de la Calidad, vemos que, a priori, el modelo cebra encaja de forma mucho más natural con la mejora continua.
Se prioriza el Enfoque a Procesos donde, en una empresa cebra, cada paso debe ser rentable o aportar valor real. No se permiten "fugas" masivas de capital en marketing agresivo para ocultar un producto mediocre. Esto obliga a la organización a aplicar metodologías Lean de forma nativa: eliminar lo que no aporta valor y optimizar el flujo de trabajo.
Se trabaja la Gestión de Riesgos. El unicornio juega al "todo o nada". Es una apuesta de alto riesgo. La cebra, al diversificar su valor y enfocarse en la supervivencia a largo plazo, realiza una gestión de riesgos mucho más profesional. No busca dar el "pelotazo", busca permanecer. Para un experto en sistemas de gestión, el unicornio suele ser un caso de estudio sobre riesgos no mitigados. El objetivo del unicornio es el crecimiento hiper-acelerado. Sin embargo, en calidad tenemos un axioma: "Si se acelera un proceso ineficiente, solo obtendrás fallos a mayor velocidad".
Se “visualiza” la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Mientras que en muchas grandes corporaciones la RSC es un parche de marketing, en la empresa cebra es el núcleo del negocio. La calidad total hoy en día no se entiende sin la sostenibilidad ambiental y social. Una empresa que agota a sus empleados o destruye su entorno no es, técnicamente, una empresa de calidad.
El "Modelo Camello": El punto medio que buscamos los consultores
A veces, en mis sesiones de consultoría, me preguntan: "¿Entonces los unicornios son malos?". No necesariamente. El problema es la obsesión por el mito.
Existe una tercera variante que se debe considerar: las empresas camello. Son aquellas que pueden correr rápido como un unicornio si es necesario, pero que tienen la resistencia de una cebra para atravesar desiertos financieros sin necesidad de agua (capital externo) constante.
Lo que nos enseña el movimiento cebra es que la rentabilidad es la máxima expresión de la libertad empresarial. Una empresa que gana dinero desde la ética y el servicio al cliente no tiene que rendir cuentas a un fondo de inversión que solo busca multiplicar su dinero por diez en tres años.
Bajo esta premisa el Modelo Camello ofrece una estrategia de resiliencia que los empresas unicornio olvidaron. Como consultor he observado, en los últimos años, varias empresas "morir de éxito". Organizaciones que, tras una inyección masiva de capital, perdieron el control de sus procesos y colapsaron al primer síntoma de sequía en los mercados. Por eso, cuando hablamos de Calidad Estratégica, el modelo que más me gusta recomendar a los directivos es éste.
El término, popularizado por inversores como Alex Lazarow, define a aquellas organizaciones que se construyen para sobrevivir en el desierto, no para lucirse en un jardín con riego automático.
En estas entidades y a diferencia del unicornio, que necesita "agua" (capital externo) de forma constante para no desfallecer, el camello ha evolucionado para optimizar cada gota de recurso. Sus tres pilares son: supervivencia, crecimiento equilibrado y visión a largo plazo.
Pilar 1. La gestión de las "reservas" (Cash Flow)
En calidad, decimos que "lo que no se mide, no se gestiona", pero en estrategia camello decimos que "lo que no se cobra, no es negocio".
·
Las
empresas camello no queman caja de forma descontrolada para captar usuarios.
· Mantienen
una estructura de costes ajustada que les permite operar durante meses (o años)
sin necesidad de financiación externa.
· Visión de Consultor: Esto no es "tacañería corporativa", es gestión de riesgos. Tener reservas es lo que te permite pivotar cuando el mercado cambia sin tener que despedir a la mitad de tu plantilla.
Pilar 2. Crecimiento por etapas (Sprinting vs. Trekking)
El camello no corre a ciegas. Sabe cuándo debe trotar para conservar energía y cuándo puede galopar si detecta una oportunidad de mercado.
· No
buscan el crecimiento exponencial a cualquier precio. Buscan el crecimiento
sostenible.
· Escalan solo cuando sus procesos internos (su sistema de calidad) están maduros. Saben que un crecimiento del 300% con un sistema de soporte débil es una sentencia de muerte por reclamaciones y pérdida de reputación.
Pilar 3. Precios basados en el valor (Unit Economics reales)
A diferencia de muchos unicornios que subvencionan sus productos para ganar cuota de mercado (vender a 1€ lo que les cuesta producir 2€), el camello cobra desde el primer día lo que el producto vale.
· Si
el cliente no está dispuesto a pagar por el producto, el camello entiende que no
tiene un negocio, tiene un hobby caro.
· Esto obliga a una mejora continua del producto. La calidad deja de ser un sello en la pared y se convierte en el argumento de venta para sostener el precio.
El Modelo Camello como "estándar de oro" de la Calidad
Desde la perspectiva de la Excelencia Empresarial, el camello es el alumno aventajado. ¿Por qué?
· Enfoque en la Eficiencia Operativa: Al no tener recursos
infinitos, la empresa camello se ve obligada a aplicar Lean Six Sigma de
manera natural. Cada error es un coste que sale de su bolsillo, no del de un
inversor, por lo que la cultura de "cero defectos" se vuelve
orgánica.
· Sostenibilidad del Talento: Los unicornios
suelen quemar a su gente en ciclos de 18 meses. El camello sabe que su
conocimiento reside en su equipo y fomenta una gestión del talento más humana y
duradera. La retención del conocimiento es una de las cláusulas críticas de
cualquier sistema de calidad serio.
· Adaptabilidad (Agilidad Real): Un camello puede cambiar de dirección en mitad de una duna. Una gran corporación "unicornizada" tiene tanta inercia (y tanta burocracia de inversor) que a menudo muere viendo venir el muro.
Como consejos aplicables para “camelizar” una organización se sitúan los siguientes:
· Limpia tus procesos: Identifica el "desperdicio"
(muda). Si tienes procesos que consumen recursos sin aportar valor directo al
cliente, elimínalos hoy mismo.
·
Ajusta tu política de precios: No tengas miedo a
cobrar lo que vales. Si tu calidad es alta, tu precio debe reflejarlo. Los
clientes de calidad buscan proveedores solventes, no proveedores baratos que
puedan quebrar mañana.
· Crea una reserva de seguridad: No reinviertas hasta
el último céntimo en marketing. Construye un colchón operativo que te dé
libertad de decisión.
· Fortalece tu Sistema de Gestión: Asegúrate de que, si mañana multiplicas tus ventas por diez, tu estructura no colapsará. La escalabilidad es una cuestión de diseño de procesos, no de voluntad.
Conclusión: El fin de la fantasía, el triunfo de la resistencia
Como consultor, he visto pasar muchas modas. Pero al final, las empresas que permanecen son las que tienen raíces profundas y procesos sólidos. El unicornio es un animal hermoso, pero suele ser demasiado frágil para el mundo real. La cebra es inspiradora por su ética, pero a veces le falta la agresividad necesaria para crecer.
El Camello
es el equilibrio perfecto: tiene la ambición de llegar lejos, pero la
disciplina de no morir de sed en el intento. En la gestión de la calidad, la
resistencia es la máxima forma de excelencia.
“La
estrategia es averiguar qué no hacer.” Steve Jobs, empresario estadounidense
cofundador de Apple (s. XX-XXI).
Autor.
J. Daniel Blanco